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Actividad del 29 de mayo

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·      COMENTARIOS DE MIGUEL ÁNGEL SÁNCHEZ C.

1.      Una gran oportunidad para conocer la teología luterana y profundizar en la teología hispana.

2.      Para mí, el libro se ubica dentro de la teología latinoamericana: en la “teología hispana de la liberación”. Esta catalogación obedece al aporte, tanto metodológico como temático del libro. Un libro que “huele” a realidad, a calle, a pueblo, a encarnación; donde los llamados “sujetos emergentes” son los principales protagonistas: los excluidos por razón de su raza, sexo, color, religión, preferencia sexual, ideológica o política. Resaltando el papel de sus profetas y sus mártires.

3.      Toda esta realidad aparece como pre-texto para la lectura del evangelio en “clave emancipatoria”, donde la clave de lectura de los relatos y las parábolas permite la epifanía de su potencial liberador. Es la síntesis metodológica entre “el libro de la Biblia” y “el libro de la vida”, entre “la Palabra de Dios escrita” y “la Palabra de Dios acontecida”.  

Estos elementos son básicos, pero son elementos en los que hay que insistir, particularmente en el contexto hegemónico del cristianismo imperial, no sólo de tipo “romano o romanizante”, sino también de tipo “estadunidense”.

4.      Algo que me parece muy importante en esta perspectiva liberadora es que está hecha desde los elementos de la identidad luterana, y quiero señalar: La catolicidad.

Es de resaltar la “catolicidad” entendida como “la plenitud de la fe de la iglesia universal: la fe apostólica, de estructura trinitaria, contenido evangélico y énfasis cristocéntrico”. “No en continuidad formal y jurídica... sino con una tradición viva, dinámica y dialéctica, que se va enriqueciendo a través de la historia”. (p. 73).

Esto propone una ruptura conceptual y existencial para el cristianismo, y no digamos para los, en este sentido, erróneamente llamados “católicos”.  

Lo anterior está en estrecha relación con el concepto de catolicidad de Hans Küng: católicos son los interesados en la comunidad, en continuidad y la universalidad de la fe, a pesar de todas las rupturas. Al mismo tiempo, para Küng el término “evangélico”, es quien hace referencia al evangelio de Jesucristo para orientar el sentido de su vida. Católico y evangélico son términos complementarios, no excluyentes.  

Y en la perspectiva luterana me parece excelente la frase de Lutero, de las pp. 58 y 59: “Allí donde tú oyeres tal Palabra (de Dios) o la vieres predicar, creer, confesar y obrar de acuerdo con ella, no tengas duda alguna de que allí ha de estar una verdadera Ecclesia sancta catholica y gente cristiana y santa ... aunque solo haya algunos pocos reunidos”.  

Muy bien se apuntan desafíos como: “el abuso e injusticia de los grupos sociales dominantes”, que repudian la diversidad y “las divisiones históricas de la iglesia cristiana”; la opresión contra grupos humanos por su raza, sexo, religión, etcétera; el sectarismo denominacional y el docetismo eclesiástico, que no reconoce las divisiones como resultado del pecado contra la unidad de la Iglesia.

Me llama también la atención, la objetividad con la que se habla de la realidad de la Iglesia luterana: entre ambigüedades, criterios económicos que obstaculizan los criterios pastorales, etc. Y al respecto me parece también muy aleccionadora esta cita de Lutero:

 Quien quiera ver a la Iglesia existiendo en una paz de quietud, enteramente sin cruces, sin herejía, y sin fracciones, nunca la habrá de ver de esta manera, de otro modo estaría confundiendo a la Iglesia verdadera con la falsa Iglesia del diablo.

Y coincido con la apreciación del autor, quien siguiendo a Lutero señala que “la comunicación del evangelio seguirá trayendo conflictos, y si van dirigidos a la unidad de la Iglesia, el conflicto no solo será terapéutico, sino parte también del testimonio de la ortodoxia de la comunión de creyentes” (p. 69).

Otro elemento que me parece muy iluminador el del “mestizaje” hispano, el cuál puede ser o es un modelo para la unidad, en la diversidad. Como en la genealogía de Jesús en Mateo, dentro de nuestra historia sociocultural como pueblos conquistados o colonizados, han existido casos de abuso que ha sufrido el pueblo, particularmente los abusos sexuales contra las mujeres . En ese sentido el mestizaje no es algo que nos avergüence en relación con nuestros antepasados; lo es en cuanto a la opresión sufrida. Esto nos da en la posibilidad de abrirnos al otro para hacernos prójimos, ya que finalmente somos “compañeros de un mismo dolor”, no en un dramatismo conformista, sino en una apertura solidaria eficaz.

Ese mestizaje está asentado en el Pueblo hispano como SUJETO. Quien toma en sus manos su destino y asume el papel de protagonista que le corresponde en la sociedad, con sus capacidades y sus limitaciones.

La doctrina de la justificación en su horizonte socio- histórico: con apertura a lo social. Ahí se da el verdadero ecumenismo.