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·         VIOLENCIA Y GLOBALIZACIÓN: DESAFÍOS PARA EL MOVIMIENTO ECUMÉNICO

Samuel Kobia

 

Buenos Aires, Argentina

15 de noviembre de 2004

 

Me solicitaron que reflexionara acerca del fenómeno de la violencia y la globalización, las dos realidades más sobresalientes de nuestro mundo actual, con la intención de identificar los desafíos que éstas le imponen al movimiento ecuménico en el siglo XXI. De hecho, "¿Cómo vivimos nuestra fe en el contexto de la globalización?" y "El llamado a superar la violencia" fueron los dos desafíos más importantes que el CMI lanzó a las iglesias en la octava asamblea general en Harare 1998. Esto también generó un nuevo compromiso por parte del CMI en el marco de un viaje de esperanza en ocasión de su 50 aniversario. El mensaje decía: "El jubileo que empezó entre nosotros es enviado a ustedes, para celebrar la liberación de la creación entera.. .Viajamos juntos como pueblo con fe en la resurrección. En medio de la exclusión y la desesperanza, Aceptamos, con alegría y esperanza, La promesa de vida en toda su plenitud".

  Dichos desafios resultaron en dos interesantes desarrollos programáticos: la Década para la superación de la Violencia: Iglesias en b1!Jca de la reconciliación y la paz 2001-2010 Y Alternativas a la Globalización Económica.. La novena asamblea, que se realizará en Puerto Alegre, Brasil, en el 2006 marcará la mitad de la Década y en ella se presentarán los informes del trabajo realizado en el área de globalización económica.

  Antes de hacer mi reflexión acerca de la violencia y la globalización como desafíos para el movimiento ecuménico, me gustaría recordar brevemente las circunstancias que llevaron al surgimiento del movimiento ecuménico en el siglo XX. Quisiera que reconozcamos que el movimiento ecuménico se formó a partir de un contexto de post-guerra y violencia. La Conferencia Cristiana Universal sobre Vida y Trabajo que se ll~vó a cabo en Estocolmo en 1925 y la Conferencia sobre la Iglesia, la Comunidad y el Estado realizada en Oxford en 1937, ambas respondiendo a los desatIos propuestos por la Primera Guerra Mundial, fueron eventos que tuvieron una profunda influencia formadora que dio lugar, posteriormente, a la primera asamblea del Consejo Mundial de Iglesias en Amsterdam en 1948, donde se discutieron los desafíos presentados por la Segunda Guerra Mundial. La realidad de un testimonio cristiano fragmentado en un mundo dividido era considerada. un escándalo y, por consiguiente, el objetivo principal y urgente del movimiento ecuménico consistía en lograr una unidad visible de la iglesia.

  Sin embargo, el desarrollo de este proceso durante el transcurso de las asambleas de Evanston (1954), Nueva Delhi(1961) y Uppsala (1968) resultó en la afirmación de que la unidad que, como iglesia, buscamos en Cristo no es un fin en sí misma sino una situación que debe extenderse como signo de la promesa de unidad para la humanidad toda. La asamblea de Nairobi (1975) fue aún más lejos incluyendo la unidad de la creación al afirmar que "el mundo está siguiendo un curso catastrófico que nos está llevando hacia la hambruna, la depleción global de los recursos y el deterioro global del medioambiente" (Rompiendo Barreras, p.125)

  En tanto, la Conferencia Mundial sobre la Iglesia y la Sociedad que se llevó a cabo en Ginebra en 1966 y el Programa para Combatir el Racismo, ambos destinados para responder a los desafios de un mundo dividido en tiempos de la Guerra Fría y la determinación de desmantelar el régimen del apartheid en Sudáfrica, se incorporaron a la agenda del movimiento ecuménico. Otro punto importante en el curso de este viaje de búsqueda de la unidad y de lucha por la justicia y la paz fue la Convocatoria Mundial por la Justicia, la Paz y la Integridad de la Creación de Seú11991, que enriqueció aún más el contenido de la discusión ecuménica como así también el pensamiento y la acción ecuménicos. Al mismo tiempo, debemos mencionar el aporte creativo que las iglesias latinoamericanas, que luchaban intensamente por la vida y la justicia y contra los regimenes dictatoriales y las estructuras econóicas, realizaron al mundo a través de las teologías de la liberación y de un nuevo modo de ser iglesia a partir' de las Comunidades Cristianas de Base.

  De todo esto se desprende que el movimiento ecuménico no surge en respuesta a las estrechas agendas de las iglesias que se ocupan de sus propios intereses en medio de los rápidos cambios que tienen lugar alrededor del mundo, sino como un modo de aferrarse a la esperanza de la gran reconciliación de todas las cosas en Cristo y como una respuesta creativa a la creciente fragmentación y, el rápido deterioro de los valores de justicia y paz. Como tal, el movimiento ecuménico no es una simple asociación de iglesias, sino un acercamiento entre iglesias, movimientos y cristianos que creen firmemente que Dios en Jesucristo quiere la vida, la justicia y la libertad para todos y que ellos y ellas son llamados y llamadas a sostener y manifestar "la unidad de todas las cosas" a pesar y en medio de las progresivas amenazas y desafíos. Por lo tanto, el movimiento ecuménico no es una ONG, ni una organización humanitaria, sino que constituye una fuerza moral esencial, un custodio de la conciencia, un instrumento de cambio, una visión y una posibilidad de ser iglesia en un mundo fragmentado y polarizado.

  En este, la 'violencia' y la globalización, sin duda, se presentan como desafíos mayores, ya que encarnan el fenómeno de destrucción masiva de la vida y el proceso de institucionalización de la justicia, respectivamente. No son simples fenómenos socio-económicos, sino que representan desafios que amenazan la integridad ética de nuestra generación y del mundo. Afectan nuestra concepción de los otros y de nosotros mismos y la fonna en que nos relacionamos con el prójimo y con la tierra. Éstos fenómenos como tales, desafian el concepto mismo de oikoumene.

 

La difundida cultura de la violencia

Violencia, una de las características más comunes y salientes en cualquier parte del mundo actual, es un fenómeno complejo. Nos afecta a todos y todas de maneras y formas diversas, ya sea como perpetradores, víctimas o incluso, como espectadores. Puede ser física e estructural, visible o invisible, directa o sutil. Lo que más llima la atención acerca de la violencia hoy en día es el modo en que es considerada inevitable y, a veces, hasta necesaria para resolver conflictos o controlar sociedades humanas. La violencia es atractiva porque constituye 'un instrumento de poder. Nos excita y nos llena de "impresión y admiración" perturbando nuestro sentido de lo que es correcto y lo que no lo es, de la justicia y la injusticia, y nuestra capacidad de indignación frente al sufrimiento de una persona inocente e indefensa, aún cuando ésta sea abusada, masacrada o mutilada. Por lo tanto, también nos suele resultar entretenida. Podríamos decir mucho más acerca de esta cultura de violencia y del modo en que está destruyendo la vida de muchas personas. Sin embargo, quiero subrayar dos cosas para continuar con nuestra reflexión:

  En primer lugar, la violencia, en cualquiera de sus manifestaciones, es un ataque a la vida. Miles de personas mueren diariamente en todas partes del mundo como consecuencia de las guerras, los conflictos violentos, los actos de terrorismo, la brutalidad policial y militar,.los asesinatos, etc. Aún más terrible es la realidad de millones que mueren de hambre, malnutrición y enfermedades alrededor del mundo; Creo que todos nos quedamos estupefactos hace dos años al ver en las noticias internacionales las fotos de los niños, que mueren de hambre en Argentina. Los pobres y los excluidos, en particular los pueblos indígenas, son blanco de distintas formas de violencia. En diferentes partes del mundo se ha convertido "en una tendencia común el negarles su derecho a organizase y a utilizar su propio idioma y los recursos naturales. Por lo tanto el llamado del CMI a superar la violencia no es un mero' llamado a' tenninar con los conflictos, sino a remediar los numerosos y variados atentados 'contra la vida. Es decir que, la decisión de, luchar contra la violencia es una opción de vida. Es elegir la vida por sobre la muerte. Afirmando la vida afirmamos nuestra fe en el Dios de vida. En otras palabras, para el movimiento ecuménico, construit la paz no es un simple acto humanitario sino que forma parte esencial de su vocación espiritual. 

En segundo lugar, nuestra decisión de terminar con la violencia deriva del hecho de que la consideramos un instrumento de poder y no, una simple característica comportamiental. Quisiera que identificáramos las diferentes caras de los perpetradores de la violencia en nuestras comunidades hoy. ¿Acaso no son principalmente aquellos quienes gozan de poderes y privilegios otorgados por las estructuras y sistemas sociales, religiosas, políticas y económicas? ¿No son acaso su ambición por obtener más riquezas, más lujos, más sofisticación y más poder y sus temores e inseguridades las causas de la violencia que perjudica la vida de miles de personas cada día? Por otra parte, ¿quiénes son las víctimas más frecuentes de la violencia? ¿Acaso no son los inocentes, los indefensos (mujeres, niños, los pobres -del campo y de la ciudad- los jóvenes desocupados, los discapacitados, los ancianos, las minorías étnicas, religiosas y lingüísticas, los pueblos indígenas, los grupos raciales oprimidos, los refugiados, los. inmigrantes y los desplazados, etc.)? Desgraciadamente, la violación de sus vidas es legitimada, muchas veces con sanciones religiosas, porque son considerados inferiores, prescindibles e insignificantes. El llamado a terminar con la violencia en esta Década surge del compromiso apasionado del movimiento ecuménico con la justicia y la paz en defensa de las personas a las que la justicia y la vida les son negadas. Es precisamente esta violación indiscriminada de la vida de muchos lo que nos insta, como seres humanos y sobre todo como cristianos a terminar con la violencia. "En nuestra búsqueda de una sociedad responsable, es preciso descubrir las operaciones de poder, develar los centros ocultos de poder y hacer responsables a los hombres y a Dios por el poder". (Conferencia Mundial sobre Iglesia y Sociedad,

Ginebra 1966, p.97) ,

  En esta determinación de terminar con la violencia está implícita nuestra convicción d que la promesa de paz de Dios en Jesucristo no podrá cumplirseen tanto nuestr mundo continúe sometiendo abiertamente a los inocentes, los pobres y los indeensos. Agradecemos a la Conferencia de Medellín de 1968 que nos proporcionó el paradigma de "la opción de Dios por los pobres" que reafirmó la centralidad de la justicia en el discurso teológico. Por lo tanto, nuestro concepto de paz se funda en nuestro compromiso con la justicia y nuestra firme convicción de que cualquier tipo de paz que ignore el clamor de justicia y verdad no es cristiano, es inmoral y es superficial. De modo que, consideramos que las raíces de la violencia se encuentran en el modo en que organizamos nuestros esquemas y estructuras de relación y moldeamos nuestras actitudes para con el prójimo.

  De manera que, la Década para Superar la Violencia presenta como punto central un desafío ético para que las iglesias trabajen en conjunto en la construcción una cultura de paz y den testimonio de la esperanza en medio de la muerte y la destrucción. Sin duda este desafío es capaz de otorgar nuevos significados, propósitos y enfoques al movimiento ecuménico, las iglesias y la vocación cristiana de fe. En otras palabras, la vocación de salvaguardar la vida se convierte en la razón de nuestra unidad cristiana.

 

El mundo según las fuerzas de la globalizadón

A fines de siglo, el mundo había pasado de estar gobernado por filosofías e ideologías políticas a estar dirigido por el proyecto político y conómico del capitalismo global. A través de la creación de un mundo .intrincadamente interdependiente y en constante interacción, este proyecto extrae sus "energías de las dinámicas de producción y consumo y su único objetivo es el crecimiento del capital. Está al servicio de los intereses de los ricos, los poderosos y los privilegiados y excluye a quienes no poseen bienes, no producen nada y a los que no consumen. Dado que las riquezas siempre están en manos de unos pocos, la globalización ha polarizado fuertemente al mundo y la brecha entre ricos y pobres es cada vez más grande. La pobreza, el desempleo, la inmigración a gran escala smnada a la restricción en los movimientos de los pueblos, el desplazamiento, el comercio ilegal, la destrucción de los medios tradicionales de vida y del medioambiente, etc. forman parte de los problemas cotidianos en muchas partes del mundo.

  Ahora quisiera refenrme al desafío ético que presenta la globalización económica. Como instrumento de poder económico, trae aparejado ciertos valores. Veamos algunos de ellos:

  En primer lugar se encuentra la realidad de la creciente combinación de poderes hegemónicos. En el mundo unilateral y globalizado de hoy en día, los poderes (post coloniales y actuales, económicos, políticos, militares y

tecnológicos) operan en forma conjunta. No solo protegen los intereses y los objetivos propios y.de los otros sino que además, introducen valores y culturas que legitiman y aseguran la continuidad de su hegemonía. La asociación de dichos poderes es tan efectiva que la subyugación y la corrupción son consideradas conductas normales, inevitables, consecuentes y hasta legítimas. Tanto las iglesias como el movimiento ecmnénico están expuestos al grave peligro de verse involucrados en esta nueva distribución de poderes y, por lo tanto, otorgar su bendición de Jacto. Esta ~serción por parte de los poderosos también ha contribuido a acelerar el colapso del estado nacional y sus instituciones democráticas. El estado dejó de ser el protector del bien público. En cambio, se ve obligado a servir las exigencias de las fuerzas de mercado. Podemos observar ejemplos de esta situación en varias partes del mundo que disminuyeron los servicios de asistencia social, optaron por tecnologías de capital intensivo que redujeron el empleo se implementaron leyes para permitir un mejor funcionamiento del Mercado. Argentina también pasó por esta experiencia en lo que se refiere a los servicios públicos (agua, electricidad, gas, trenes) que fueron privatizados y las instituciones sociales (educación, salud, sistema previsional) que fueron mercantilizados. Estas fuerzas hegemónicas apoyaron los regímenes dictatoriales y manipularon los procesos democráticos 'para asegurarse el saqueo sostenido de muchos países alrededor del mundo.

  En segundo lugar, y como parte de mi énfasis en los poderes hegemónicos, debo mencionar la realidad del imperio. El imperio se origina en la realidad conspicua de la combinación de los superpoderes económicos, militares, tecnológicos e imperiales (pasados y presentes) que controlan y manipulan la política mundial para su propio beneficio, promoviendo sus intereses estratégicos y de negocios; creando, exacerbando y beneficiándose de todas las guerras y conflictos que tuvieron lugar en el sur después de la Segunda Guerra Mundial, monopolizando y manipulando el comercio internacional; controlando. la econonlía global a través sus propias entidades financieras; imponiendo sus doctrinas de seguridad con tácitos intereses económicos; consolidando y ejercitando su poder a través de instrutnentos tales como la OTAN, las coaliciones, etc.; desestimando instrumentos de responsabilidad internacional tales como la ONU y vetando diversas resoluciones importantes acordadas por la comunidad internacional; controlando el poder de interpretación y manipulando el sentido común de las comunidades; e insistiendo en políticas económicas de explotación y sus correspondientes tecnologías que destruyen el medioambiente. Como dice Ninan Koshy: "El surgimiento de nuevas formas de globalización neo-liberal y sus respectivas formas de militarización presentan algunos de los desafíos más serios a la seguridad humana actual... La política estadounidense continua fuertemente arraigada en la estructura militarizada del capitalismo corporativo de estado en el que las inversiones militares sostienen tanto las proyecciones del poder corporativo como del poder geopolítico al mismo tiempo. La globalización y la seguridad imperial van de la mano" (Nuevas Tendencias Geopolíticas en Asia, documnento no publicado). Sin duda, el imperio presenta un serio desafío a la visión de oikollmene y, por lo tanto, el movimiento ecmnénico no puede ignorar esta amenaza inminente siempre están en manos de unos pocos, la globalización ha polarizado fuertemente al mundo y la brecha entre ricos y pobres es cada vez más grande. La pobreza, el desempleo, la inmigración a gran escala sumada a la restricción en los movimientos de los pueblos, el desplazamiento, el comercio ilegal, la destrucción de los medios tradicionales de vida y del medio ambiente, etc. forman parte de los problemas cotidianos en muchas partes del mundo.

  En tercer lugar, se encuentra la institucionalización dé la injusticia. Lo que la globalización económica está logrando realmente es la legitimación de la exclusión y de la violación de las vidas de quienes no cumplen con los requerimientos del mercado global. Esta tendencia se ve claramente en el modo en que se desacredita a los movimientos de resistencia. Muchos países ya sancionaron leyes represivas para eliminar la discrepancia y la oposición a la globatización económica. Muchos analistas políticos consideran la guerra norteamericana contra el terror como una guerra que defiende la globalización. Es más, como consecuencia del desplazamiento, la debilitación y la deshumanización, la violencia y los delitos relacionados con la pobreza aumentan. ¿Cómo podemos hacerle la guerra a este tipo de terrorismo clandestino, como lo llama Noam Chomsky, de forma no violenta? ¿Cómo podemos decir que las estructuras y las culturas como la liberalización económica son "no violentas" cuando niegan y despojan a millones de personas de su dignidad?

  En cuarto lugar se encuentra la fragmentación de las comunidades. En medio de esta lucha por la riqueza, los recursos y el poder, las identidades religiosas y étnicasson extensamente utilizadas, en ocasiones para camuflar la avaricia y los intereses creados, como así también para obtener fuerzas para seguir luchando. Esto no solo tiene como resultado la destrucción de la justicia y la equidad, sino que también siembra el odio, la sospecha y el miedo entre las personas y las comunidades. Aún cuando todavía llevamos las cicatrices de las cruzadas y la colonización, un legado histórico que 'comparto con ustedes como africano que da testimonio del mal uso que los más poderosos hicieron de la religión como instrumento de violencia, desgraciadamente vemos como, hoy en día, tanto la religión como el lenguaje y los símbolos religiosos son ampliamente utilizados en relación con varios conflictos alrededor del mundo.

  En quinto lugar está la colonización del sentido común de los pueblos y las comuniades. Me explico: en un mundo en el que los intereses egoístas y los objetivos individualistas orientan el comportamiento social, nuestras respuestas frente a las diversas formas de violencia muchas veces se ven influenciadas por la medida en que la violencia que nos afecta y la medida en la que nos beneficia. Las personas que están en una situación privilegiada tienden a ser indiferentes frente a la violencia y las tragedias humanas, pasan por alto la violencia estructural, legitiman las guerras, las guerras Justas, las guerras preventivas, las guerras de los poderosos, las doctrinas de seguridad, la violencia de estado, etc., o consideran la violencia contra los ricos y poderosos como un problema más serio e inaceptable que la que ellos ejercen contra los débiles y los pobres, ya sea en Irak, Sudán o el Medio Oriente. Lo que quiero decir es que el mundo está 'atravesando una peligrosa fase de degeneración moral' En el pasado, las filosofías políticas eran las que dictaban el modo en el que se organizaban las sociedades y las relaciones entre ellas. Desgraciadamente, en la actualidad, lo que nos guía son las fuerzas de mercado que prosperan a partir de la producción, el consumo y el crecimiento. Nos dicen que no hay retorno y que no existe alternativa para la globalización económica neoliberal. Pero me temo que este camino no llevará al mundo demasiado lejos. Es más, dado que el énfasis está puesto en un modelo de educación que alimenta las necesidades del mercado, nos enfrentamos también a la realidad de una generación de jóvenes que crecen sin ningún sentido de la historia, la sociología, la ética social, las filosofias políticas, la cultura y la vida de los pueblos en sus propios contextos.

  En quinto lugar tenemos la mercantilización de la persona humana y los recursos de la tierra. En un mundo que considera la capacidad de producir como criterio último, el mercado decide el valor de los seres humanos. Todo ser humano, toda capacidad, cualquier talento, cualquier don especial que una persona posea está sujeta a los requerimientos del mercado. Las personas son' tratadas como objetos y consideradas según su valor económico. En otras palabras, los ancianos, los discapacitados, los que no poseen educación formal, los que no poseen riquezas, ni las habilidades que requiere el mercado y aquellos que no participan de una actividad económica no tienen lugar en este mundo. Son considerados pasivos, sin importancia, prescindibles. No se toman en cuenta las necesidades, las emociones, los sentimientos ni las vulnerabilidades humanas. Muchas personas experimentan miedo e inseguridad o se sienten inútiles y muchas veces terminan consumiendo drogas, alcohol o se suicidan. Me gustaría prestar especial atención a la vergonzosa realidad del tráfico de mujeres y niños a través de los continentes, la situación de los trabajadores inmigrantes y los refugiados que se encuentran en situaciones de completa exclusión. Como dijimos anteriormente, las poblaciones indígenas son las que más sufren ante este fenómeno de mercantilización de la persona humana y de los recursos de la tierra, particularmente del agua y la tierra que se volvieron objetos de grandes negocios negándole a los pobres el acceso a estas necesidades básicas para su supervivencia. 

En sexto lugar se encuentra la alarmante realidad de la degradación del medio ambiente. Quienes se benefician. de la economía de mercado son los que contaminan la tierra con sus economías orientadas hacia el consumo, sus lujosos estilos de vida y la emisión' de dióxido de carbono. Las guerras, los conflictos armados y la globalización están destruyendo la tierra y sus recursos. En otras palabras, la codicia de los ricos y poderosos no solo viola las vidas de los pobres sino que además despoja a la tierra de sus bienes y la acerca velozmente a su fin.

 

Desafios para el movimiento ecuménico

Visto en este contexto, reconocemos que ambos trabajan juntos en la creación de un mundo que se ajuste a los intereses de los poderosos y los privilegiados. Juntos presentan un desafío a la santidad, la integridad y al futuro de la vida de los seres humanos y de la tierra. Si el movimiento ecuménico debe continuar su viaje como un movimiento que defiende la vida inspirándose y tomando su fuerza en la visión de unidad de todas las cosas en Dios, en mi opinión, tiene que tener en cuenta las siguientes cosas:

 

1.En un mundo profundamente polarizado y fragmentado, el movimiento ecuménico no puede perseguir su objetivo basándose en teologías que mantienen una posición neutral acerca de temas como la violencia y la paz, el poder y la justicia. El movimiento ecuménico del siglo XX se inspiró en las teologías protestantes liberales de occidente en respuesta al contexto de las dos guerras mundiales, en un mundo bipolar dividido por las ideologías. Las teologías protestantes occidentales que emergieron de contextos económica y políticamente poderosos, por lo general, se caracterizan por su fuerte énfasis en el antropocentrismo y por su posición ambigua en lo que respecta al poder y a temas relacionados con la justicia y la violencia. Dichas orientaciones todavía influyen en el modo en que entendemos la salvación, el propósito de Dios, en la forma en que afirmamos y practicamos nuestra fe y en el modo en que nos relacionamos con las personas que profesan otra fe. No son capaces de responder a la compleja variedad de desafíos que presenta un mundo pluralista y globalizado. Por otra parte, el cristianismo no es más la religión del norte sino que se está expandiendo rápidamente hacia el sur. Sin embargo, la orientación teológica de dicho crecimiento es bastante diferente y, en ocasiones, contradictorio. Estos movimientos de crecimiento eclesiástico no tienen prácticamente nada en común en términos de visión teológica. Es en este sentido que considero que las teologías con textuales juegan un papel importante en el sur, no sólo proporcionando puntos de encuentro, sino también enriqueciendo el significado, los objetivos y el contexto del movimiento ecuménico y de la agenda. Las teologías de la liberación latinoamericanas fueron pioneras en este camino. Las teologías que surgen de situaciones de lucha ofrecen un contenido ético más fuerte a las afirmaciones teológicas. En un mundo en que la violencia de los poderosos es legitimada y la codicia humana está institucionalizada, sostener y defender el valor de cada ser humano y afirmar la santidad de la vida tal vez sean la forma en que la iglesia puede enfrentar el espíritu y la lógica de la violencia y de la globalización. El movimiento ecuménico debe estar al tanto de estas teologías creativas que surgen de la lucha por la vida y la justicia para poder lograr el objetivo de la unidad cristiana y para obtener relevancia en el siglo XXI.

 

2 La iglesia no puede darse el lujo de dar un testimonio fragmentado en un mundo quebrantado.

La unidad de la agenda de las iglesias y del movimiento ecuménico cobra especial importancia en la sociedad actual. Por lo tanto, el objetivo principal de lograr una unidad cristiana visible debe buscarse no solo a través de nuestros esfuerzos para llegar a un acuerdo acerca de los argumentos doctrinales, sino a partir del trabajo conjunto para afirmar y salvaguardar la justicia y la vida en nuestro mundo actual. La unidad cristiana no significa superar las diferencias sino vivir con ellas y apreciadas mutuamente. En su libro "Por a CII/tllrt of Uft: Transforming Globo/isotion ond Vio/ence" ("Por una cultura de vida: Transformando la globalización y la violencia"), Konrad Raiser ofrece un interesante punto de vista: "La catolicidad se debe realizar en medio de las ambigüedades del proceso de globalización, no como un rechazo total, sino como una dinámica de transformación...la afirmación de la catolicidad por parte de las iglesias sólo será cre101e si son capaces de trascender toda forma de segregación y discriminación en sus propias vidas, si superan la exclusividad de la raza y la clase social, el género y (dis)capacidad y resistir la explotación económica y política". (2002: 67) La unidad debe extenderse más allá. Superar la violencia y la globalización es y tiene que ser esfuerzo participativo. El encuentro con personas de otra fe y otras creencias debe ser considerado un paso positivo en la búsqueda de una visión de paz y justicia. Dicho encuentro ayuda a expandir el significado de ecumenismo y a develar un sentido más profundo de lo que significa ser iglesia en un mundo violento e injusto.

 

3.Una de las cualidades principales del movimiento ecuménico es su carácter profético. Aun cuando facilite mayores expresiones de unidad cristiana, debe estar también crítica y creativamente comprometida con las realidades del mundo. La complejidad de los desafíos que la cultura de la violencia y de la globalización económica presentan al mundo del siglo XXI, requiere la creación de una nueva teología pública y de nuevas formas de testimonio público. La iglesia debe involucrarse en el proceso de discernimiento histórico y de constante reforma del orden social. En muchas iglesias existe una tendencia a permanecer indiferentes o a alinearse con los poderes. El testimonio público no es el mero activismo político, sino que implica un intento de penetrar en la vida pública de las comunidades, analizando, criticando y proponiendo alternativas a la realidad social, cultural económica y política de nuestro mundo y nuestras comunidades. Como dice sucintamente Jon Sobrino: " La cruz ... no nos ofrece ningún modelo explicativo que nos permita entender qué es la salvación y cómo puede ser salvación en sí misma. En cambio, nos invita a participar en un proceso en el cual podemos experimentar concretamente la historia como salvación" (Christology ot Crossroods -1978, p.219). Somos llamados a transformamos y a transformar. El movimiento ecuménico no puede simplemente funcionar como una hermandad de iglesias cristianas y dedicar todas sus energías exclusivamente a la agenda religiosa de las comunidades cristianas, sino que tiene que responder creativamente a los signos del tiempo que son fennentos de cambio.

 

4. Estos dos desafíos también requieren que exploremos nuevamente el significado de la naturaleza y el propósito de la iglesia. Como expresión visible de una idea teológica, se espera que la iglesia, aún cuando es una institución social, se rija por la fe que le dio origen. Como comunidad que afirma que sus orígenes derivan del Espíritu, su motivación por la justicia y la paz, de la tradición de fe bíblica (una tradición de la opción de Dios por las víctimas del poder, la denuncia profética de la injusticia, el rechazo de los poderes abusivos por parte de Jesús y el testimonio de las comunidades cristianas primitivas, motivado por valores y objetivos alternativos). Por lo tanto, las iglesias son las herederas de esta tradición de fe de resistencia, inconformismo y formas alternativas de ser humanos. No debemos permitir que la preocupación por las formas triviales de violencia y soluciones de paz entorpezcan el proceso de creación de la paz en las vidas de millones de víctimas de las luchas de poder y riqueza. Por eso, tanto el silencio como la neutralidad en materia de justicia y verdad son comportamientos anticristianos. El reciente documento de estudio de la comisión de Fe y Orden sobre Nature and Putpose ofthe Church (Naturaleza y propósito de la Iglesia) expone este punto claramente:

La iglesia es llamada a sanar y reconciliar las relaciones deterioradas. La iglesia debe ser el instrumento de Dios para la erradicación de la enemistad, para la reconciliación de la división y el odio humanos, que son la fuente principal del sufrimiento humano. También es llamada, junto con todas las personas de Buena voluntad, a preocuparse por la integridad' de la creación condenando el abuso y la destrucción de la creación de Dios, y a participar en el proceso de reconciliación de Dios de las relaciones entre creación y humanidad.

No es posible construir la paz sin luchar por la justicia. Por lo tanto, el desafío es construir una paz que asegure la vida para todos y que no silencie a los que no tienen voz, ni pisotear los derechos de los indefensos. Tenemos que preparamos para la tarea de construir la paz de manera que cree las condiciones necesarias para que sea duradera, que sea una paz basada en relaciones justas, en la verdad y la igualdad, que afirme el valor y la dignidad de todos y todas y que no le niegue a nadie el privilegio de ser parte del reino. Por lo tanto, el objetivo final es la transformación. Una transformación de las personas, las comunidades, las iglesias, las naciones y el mundo para que el oikoufl1ene de Dios sea abierto para todos. Pablo escribe: “No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro. entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, .agradable y perfecta". (Romanos 12: 2). Es este llamado a la transformación el que reunirá nuevamente a las iglesias del CMI en este continente dentro de poco menos de un año en Puerto Alegre bajo el lema “Dios, en tu gracia, transforma el mundo".

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